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dc.contributor.advisor
dc.creatorLehoucq, Fabrice E.
dc.creatorRodríguez Cordero, Juan Carlos
dc.date.accessioned2017-12-01T21:02:29Z
dc.date.available2017-12-01T21:02:29Z
dc.date.issued2004-08
dc.identifier.citationhttp://www.asamblea.go.cr/sd/publicaciones%20a%20texto%20completo%20%20revistas/forms/allitems.aspxes_ES
dc.identifier.issn1409-0007
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/10669/73488
dc.description.abstractEste artículo explora los alcances políticos detrás del establecimiento del umbral del cuarenta por ciento para elegir a los presidentes en Costa Rica. Desde 1936, el candidato victorioso debe obtener una mayoría simple de votos y al menos el cuarenta por ciento de los votos válidos para ser elegido presidente. En contraste con los otros sistemas de mayoría simple, este sistema de mayoría calificada fomenta la elección de presidentes con apoyo del votante mediano. Con la excepción de las elecciones del 2002, el umbral del cuarenta por ciento también ha prevenido de que candidatos de terceros partidos hayan obligado a una segunda vuelta ronda. Este artículo sostiene que cada uno de los componentes principales del sistema, segunda ronda (1926) y umbral del cuarenta por ciento (1936), no involucró mucha transacción política. De manera bastante extraña, los partidos políticos —que típicamente apoyaron reformas si éstas promovían sus intereses de reelección— apoyaron dos reformas para ganar en estabilidad republicana. De hecho, el establecimiento de un sistema de mayoría calificada del cuarenta por ciento con segunda ronda en 1936, fue parte de un esfuerzo mucho más amplio por establecer reglas de sucesión política aceptables para llegar a un fluido e intensamente competitivo sistema de partidos, que gradualmente eliminó el papel intermediario de cuerpos representativos en la escogencia presidencial. Este hallazgo sugiere que las instituciones duraderas tomen tiempo para ser construidas y que éstas no siempre son producto de la previsión o de astutos cálculos.es_ES
dc.description.abstractThis article explores the politics behind the establishment of the 40 percent threshold for electing presidents in Costa Rica. Since 1936, the victorious candidate must obtain a plurality of votes and at least 40 percent of the valid votes to be elected president. In contrast to other first-past-the post systems, this qualified majority system foments the election of presidents supported by the median voter. With the exception of the 2002 election, the 40 percent threshold also prevents third-party “spoiler” candidates from forcing the holding of a runoff election. This article argues that each of its principal components, that of a majority runoff system (1926) and the 40 percent threshold (1936) did not involve much of any political bargaining. Oddly enough, parties that typically supported reforms if they promoted their reelection interests backed two reforms to advance the stability of the republic. Indeed, the establishment of a 40 percent qualified plurality system with second round runoff by 1936 was part of a much broader struggle to establish rules of political succession acceptable to a fluid and intensely competitive party system, one that gradually eliminated the role of intermediate, representative bodies in presidential selection. This finding suggests that durable institutions take time to construct and that they are not always the product of foresight or clever calculation.en
dc.language.isoeses_ES
dc.publisherRevista Parlamentariaes_CR
dc.sourceRevista Parlamentaria, Vol. 12 (2), pp. 239-262es_ES
dc.subjectEleccioneses_ES
dc.subjectCosta Ricaes_ES
dc.subjectConstituciónes_ES
dc.title¿Modificando el mayoritarismo? Los orígenes del umbral electoral del 40 por cientoes_ES
dc.typeinfo:eu-repo/semantics/articlees_ES
dc.typeArtículo científicoes_ES
dc.description.procedenceUCR::Investigación::Sistema de Estudios de Posgradoes_ES


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